lunes, 10 de diciembre de 2007

EL CINE ECUATORIANO

Amaia Merino, en ESAS NO SON PENAS

...pero si las fotos durarán un poco más,
la gente no se vería ni tan tranquila, ni tan feliz...

Regreso a casa, después de una travesía por los aeropuertos, en especial el de la Ciudad de Quito, una ciudad que magicamente aparece y desparece en medio de la niebla que seduce las montañas que le sirven de paredes, como si aquella fuera una fortaleza que esconde algo.

Hace dos semanas llegamos hasta allí para ser parte del jurado del 1er Concurso de Proyectos Cinematográficos del Ecuador, la aventura, porque no puede llamarsele de otra forma, tuvo su origen en los jurados, con quienes además de compartir su talento y experiencia, pasamos días extraordinarios: Verónica Cura, de Argentina, Federico Beltramelli, de Uruguay, Santiago Parra, de Ecuador, Isabel Martínez, de Costa Rica, Julio Luzardo, de Colombia, Diana Sánchez, de Canada, Wilma Granda, de Ecuador y Jaime Aparicio, de México.

El motivo valió la pena, los proyectos cinematográficos de Ecuador resultaron grandes, una nueva generación de cineastas esta por nacer y otra parte por consolidarse, un cine que sabe retratar Ecuador en sus multiples facetas, un cine que denuncía, que sueña, que se rie, que llora, que entretiene y que emociona. Nuevos productores, nuevos directores, nuevos guiones, nuevas propuestas estan por hacerse verdad este próximo año.

Ya veremos que sucede con Black Mama, Cuando me toque a mi, Cuba, el valor de una utopia, Esas no son penas, Prometeo Deportado, Perro Amarillo, Tres, El Pescador, Bienvenido a tu familia, El Pirata viejo y Hay cosas que no se dicen...

La historia hará justicia, y en un año podremos ver y saber que fue de cada uno de estos proyectos. Por lo pronto, el Consejo Nacional de Cinematografía de Ecuador que dirige Jorge Luis Serrano, ha nacido con la fuerza necesaria para hacer que el cine ecuatoriano crezca y se le muestre al mundo.

Alejandro Ramírez




1 comentario:

  1. Todo un cronista, coincido con esa capacidad fantasmal de la ciudad, nunca está del todo y eso es ineresante.
    Abrazo
    F. Beltramelli

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